viernes, 29 de abril de 2016

Arte Espumante | "Estilos de cerveza que cambian tu vida"

Cuando se es un cervecero, y se traspasa la línea entre tomar cervezas y hacerlas, el mundo se vuelve una pinta de espumante. Todo gira en torno a la cerveza y así como los conquistadores partieron a lugares inhóspitos del planeta en búsqueda de El Dorado, los cerveceros nos despertamos y nos acostamos pensando siempre en lo mismo: probar y replicar la cerveza perfecta. Si bien es cierto que tal cosa está lejos de existir, la subjetividad puede ser cómplice de nuestra felicidad y conseguir la cerveza perfecta para cada uno de nosotros cerveceros.


Cuando un entusiasta de la cerveza decide comenzar a hacer cerveza artesanal, automáticamente se da luz verde para probar cuanta cosa le pase frente a él con la palabra "cerveza" en su etiqueta. Llevamos nuestro paladar al extremo con el fin de crear nuestro perfil de cervecero, ubicar el sabor que queremos incluir en nuestras birras, dar con el toque perfecto entre aroma y sabor que puede llevarnos al estrellato o más aún, que nos haga acreedores de medallas en competencias o concursos de prestigio. Lo que ocurre paradójicamente es totalmente lo opuesto.


Con el paso del tiempo probamos más y más cervezas para darnos cuenta que nuestro paladar comienza a refinarse. Aquellas cervezas que considerábamos elixires sagrados comienzan a ser blanco de escrutinios detallados que a veces rayan en la manía "tiene un leve off flavor", "el retrogusto es muy intenso", "le falta un poco de cuerpo", "la maltosidad está muy alta", "creo que está fuera de estilo". Cada vez se vuelve más difícil disfrutar de una cerveza como Dios manda y comenzamos a transitar un camino distinto al que comenzamos cuando nos emocionábamos como niños cuando nos regalaban una cerveza artesanal cualquiera.

En ese agridulce trance me encuentro en este momento, con el temor de la decepción cada vez que un buen samaritano extiende su mano hacia mí haciéndome llegar un vaso de cerveza artesanal. Si bien es cierto que la vida cambia en este momento, la satisfacción que se logra cuando se prueba una cerveza de calidad es casi de otro mundo. Sin embargo, todo este torrente de palabras nostálgicas ha salido de mí para compartir con ustedes una experiencia diferente. Justo cuando pensaba que ya ningún estilo podía sorprenderme, me topé con uno que definitivamente cambió mi forma de tomar cervezas artesanales: la famosa Scottish Ale.

Todo el mundo conoce a Escocia como un lugar famoso por su tan renombrado Whisky, bebida espirituosa obtenida a través de la destilación del mosto de cebada, trigo o centeno fermentado (ósea, cerveza destilada), pero, estoy seguro que pocos saben que los escoceses elaboran uno de los estilos de cerveza más respetados, apreciados y galardonados del mundo. Es tan así que el procedimiento de elaboración de esta cerveza de guarda tan particular es totalmente diferente al que se sigue cuando se hacen Ales inglesas tradicionales. Desde la selección del grano, el macerado, el hervor, la fermentación, guarda, maduración y embotellado la Scottish Ale marca una tendencia diferente con respecto al resto de las cervezas que puedes probar. Normalmente son cervezas con mucho cuerpo, cargadas de azúcares no fermentables que aportan un dulzor residual muy difícil de lograr; intensas en sabor, maltosas, persistentes, levemente tostadas y maderosas, para terminar con una sedosidad agradable ideal para la intimidad del cervecero.

Mi primer encuentro con una Scottish Ale ocurrió en Nueva York, más específicamente en Brooklyn, cuando paseaba con Miguel Rivas @thebeertrekker en una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido en mi pequeño paso por el mundo de la cervecería artesanal. Pasada la tarde llegamos a Rockaway Brewing Co. donde unos muchachos simpáticos afirman hacer cerveza a mano con ingredientes frescos y mucho reggae. La propuesta en sí luce interesante. Su cuarto de fermentación es tan hermoso que me tomé una foto en él pensando "así podría ser el cielo". Seguidamente nos sentamos en el tap room donde nos sirvieron un sampler con varios estilos (IPA, Cream Ale, Porter, Pale Ale, Saison) todos muy buenos, pero, luego nos ofrecieron una botella de algo especial. Era una cerveza de color rubí intenso, espuma delgada y persistente, carbonatación baja. En nariz fuertes aromas a madera de bourbon, caramelo y tostado. En boca maltosidad firme, dulce, sedosa y finalmente tibia con un final denso y delicado "What da' fuck is this?" fue lo único que logré preguntar. La respuesta: High Plains Drifter. Una Scottish Ale que han venido trabajando desde hace tiempo y la verdad les ha quedado muy bien, afirmó Miguel. Mi corazón cervecero estaba completamente flechado.

Más satisfacción aún me da compartir con ustedes una experiencia más cercana con una cerveza de este estilo. Hace un par de semanas, luego de 2 años sin visitar la cercana y muy querida Isla de Margarita, me dispuse a realizar un viaje en compañía de mi esposa y otros familiares. La pasamos muy bien junto amigos cercanos a la cultura cervecera artesanal. Mucho me había hablado mi colega cervecero y amigo Miguel Soler sobre sus hamburguesas y su cerveza (algunas ya las había probado), pero, una cosa es hablar y otra muy distinta probar. Visitar a Miguel y a su hermosa familia en Anafre Grill es ganarse un par de "kilos" de inmediato. Luego de varios vasos de cerveza y cuando la noche se hizo espesa, decidió destapar una joya guardada desde hace un año en su bodega: 19 de Abril Birthday Strong Scottish Ale. Era la segunda vez en mi vida que viajando me topaba con este estilo de cerveza. La servimos en copas pequeñas, le propiciamos el respeto debido a una cerveza que había permanecido guardada por tanto tiempo y se conservaba en buen estado. Con una carbonatación mayor que la que había probado anteriormente en Brooklyn, una elegante espuma blanca coronaba el color cobrizo oscuro, limpio y traslúcido. Levemente frutal, tostada y añeja. De entrada dulce, con cuerpo, sabor tostado persistente, maltosidad media, un poco amarga y finalmente compleja. Sus notas acarameladas permanecían intactas y finalmente nublaban el paladar dejando una sensación de plenitud única. Felicité a mi "compay" Miguel por su excelente birra, y brindamos por un año más de vida que ese día celebramos y espero celebrar más, eso sí, con una copa en la mano de su cerveza especial de cumpleaños.

Salud!

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